Apenas dado tiempo de arrancar al nuevo milenio, Puma sacó a relucir para la selección camerunesa de fútbol un diseño que le valdría la conquista de la Copa de África 2002: una camiseta sin mangas. Lo que viene después, con la disputa del Mundial de Corea y Japón, tal vez no guste tanto de contar a la marca alemana


En el imaginario colectivo occidental, África aparece en escena como una tierra vilipendiada por los caprichos pretéritos de los colonos europeos. Excusados en su tarea evangelizadora, sus ansias de conquista no alcanzaban a ver que, además de petróleo, oro y diamantes, también habitaban seres humanos en el continente africano.

Camerún no escapó de ese patrón de actuación occidental. Al control por parte del Imperio alemán a finales del s. XIX, le sucedió la influencia de Francia y Gran Bretaña en el período de entreguerras que, como si de un pastel se tratara, dividieron el territorio en dos mandatos. Finalmente, tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, el deseo de los pueblos indígenas por independizarse, la distracción europea por los asuntos mundiales y el resentimiento popular contra el racismo y la desigualdad acabó por desembocar en un proceso de descolonización. Camerún sintió como bocanada de aire fresco su independencia en 1960, aunque sus flaquezas y conflictos nunca acabarían de huir.

Dicen que conocer Camerún es conocer África. No es casualidad que sea conocido como el “África en miniatura”, debido a su diversidad geológica y cultural: playas, desiertos, sabanas y montañas dan fe de ello. Aunque parezca irónico, a pesar de gozar de una gran riqueza en recursos naturales, Camerún (y la mayor parte del continente) adolece de oportunidades para llevar a cabo una existencia digna. Oportunidades troceadas por la guerra, la corrupción y la explotación. Oportunidades que el fútbol trata de devolver al continente.

Era 2002. A pesar de las dificultades socioeconómicas que atravesaba Camerún, la pelota parecía rodar como nunca. Su selección de fútbol venía siendo la más popular en los últimos tiempos. Mientras la crisis económica azotaba vilmente al país, la selección se encargaba de aliviar las penurias levantando Copas Africanas de Naciones: 1984, 1988, 2000… No se arrugó tampoco en el Mundial de Italia ’90, donde los Leones Indomables (apodo que recibe la selección) alcanzaron los cuartos de final, un hito histórico para el fútbol africano.

Se dio la arbitrariedad de que ilustres del fútbol camerunés como Samuel Eto’o, Rigobert Song, Geremi o Patrick M’boma coincidieran en un mismo lapso y Puma, proveedora oficial de la Federación Camerunesa de Fútbol desde 1997, supo aprovechar el viento a favor para lucir escaparate. Era como vestir a la chica popular del instituto para el baile de final de curso.

La Copa de África 2002 estaba a la vuelta de la esquina. La camiseta de fútbol vivía inmersa en un proceso de transformación constante, y la entrada en el nuevo siglo vino marcada por avances en el diseño. Nada de aburridas camisetas clásicas, lisas o a rayas. ¡Creatividad al poder! – parecía rugir Puma. Y el resultado no pudo ser más creativamente revolucionario: una camiseta sin mangas.

La marca deportiva con sede en Baviera se escudó en el hecho de que el diseño, lejos de la extravagancia, apostaba por el pragmatismo: la ausencia de mangas redundaba en beneficio de la movilidad de los futbolistas, además de poder combatir con mayor eficacia las elevadas temperaturas de Mali, anfitriona de la edición de 2002.

Amada y odiada a partes iguales, a Puma no pudo salirle mejor la jugada. Como apoderada por la velocidad, la fuerza y la agilidad propia del felino que representa a la marca, Camerún conquistó la Copa de África 2002. Inmejorable altavoz para que se popularizara su diseño.

Inmersa en una corriente de bonanza, la ambición de Puma aumentó sus revoluciones, y su siguiente objetivo era lucirla en el Mundial de Corea y Japón, que se disputaba ese mismo año. Sin embargo, la FIFA no tenía los mismos planes, y así se lo hizo saber Keith Cooper, portavoz de la FIFA que, ni corto ni perezoso, quiso zanjar el asunto con las siguientes palabras: “No son camisetas. Son chalecos”.

Declaraciones aparte, la reglamentación de la FIFA es diáfana en ese aspecto. Tanto o más que el por entonces portavoz. La norma cuarta, referida al equipamiento de los futbolistas, reza lo siguiente: “Las camisetas deben llevar mangas”.

No obstante, por si la contundencia en lo verbal y en lo escrito no fuera suficiente para que Puma abandonase sus pretensiones, se podía vislumbrar en el horizonte una dificultad añadida: resulta que los combinados nacionales debían alojar un distintivo de la FIFA en la manga, el sujeto de la discordia. De ese modo, como acorralado en un callejón oscuro sin salida, la popular marca deportiva se vio obligada a desmarcarse del diseño que tantos éxitos le había reportado en lo deportivo y, lo que es más importante para ellos, en lo comercial.

Depositados los “chalecos” en la sastrería, Puma optó por coser unas mangas negras a la elástica camerunesa, como si el contraste de colores (entre el verde del tronco y el negro de las mangas) enmascarara un acto de protesta por la decisión de la FIFA.

Camerún, con sus mangas incorporadas, no logró pasar de la fase de grupos en el Mundial de Corea y Japón. Quedaba claro que su participación en la cita mundialista quedaría más marcada por la estética de su indumentaria que por la de su fútbol. Eso es caer con estilo.

 

Camiseta con mangas negras

Camiseta sin mangas