Artículo de opinión; David Carvajal Acuña

Muchas personas defienden que en el fútbol es importante ganar, no importa como. Otros, por su parte, consideran que independientemente del resultado, es importante también tener una idea, un concepto claro que debe ser dogma, no puede traicionarse y sin importar las consecuencias, se debe ser fiel a él hasta el final.

Personalmente, considero sumamente simple la visión de los primeros, considerando además los diferentes matices que el fútbol como deporte posee. Es muy simple pensar que solo los vencedores son recordados, cuando muchas veces por azar, suerte o circunstancias ajenas al control humano, el ganador de un torneo o una competición no es quien mejor juega sino quien obtuvo las mejores cartas en este juego de azar.

Es mucho más agradable la idea de defender una idea: Posesión, fútbol ofensivo, fútbol defensivo, no importa el resultado siempre y cuando pueda vivir o morir “con las botas puestas”. Creo que en el fútbol actual no hay un ejemplo más claro de esto que el Atlético de Madrid de nada ni nada menos que Diego Pablo “El Cholo” Simeone.

Simeone fue un jugador técnico, dúctil con el balón pero sobre todas las cosas, aguerrido. Es difícil dilucidar, cuando el retiro de un jugador llega, si tiene o no la madera para ser técnico y si además de tener la madera, será un estratega exitoso o solo intentará serlo. Simeone hizo el curso completo antes de dar el salto a Europa, amparado por la confianza brindada en el Atleti y vaya que no ha desentonado al reto.

No es casualidad que el Atlético haya llegado a instancias de Semifinales Europeas seis veces en su historia, tres de ellas bajo el comando del Cholo. “El Cholismo” tiene todo el mérito del mundo: Campeón en España y Europa en épocas de derroche monetario, contratando jugadores que siguen al pie de la letra las indicaciones de Simeone. Ha demostrado que tiene la capacidad de convencer a los jugadores de su idea de fútbol aguerrido, de defensa sólida, de pelear cada balón, el famoso “partido a partido”. Meritorio también es ver cómo los jugadores lo defienden, hablan bien de él, siguen su doctrina que evidentemente les ha dado resultados, una idea de juego moldeada que, a pesar de uno y otro fracaso, ha llevado al equipo a conseguir y cosechar una época de éxitos que nunca antes habían conocido.

No es casualidad entonces que esta sea su tercera Semifinal de Champions League. Se antoja pensar que no existe otro equipo que merezca tanto este título europeo como el Atlético de Madrid. Ya consiguieron Liga de España, Copa del Rey, Europa League y Supercopa Europea. Ya le brindaron a Europa consagraciones como Falcao, Diego Costa, Filipe Luis, Thibaut Courtois, Antoine Griezmann, entre otros. Todos y cada uno de ellos tienen la influencia de Simeone en su juego, cosa que no es mínima para cualquier entrenador: influir de forma positiva en los jugadores que dirige.

Diego Pablo Simeone y el Atlético de Madrid son la mejor muestra de lo que puede causar el respetar una idea de juego, darle tiempo a una persona para que plasme su forma de ver el fútbol en un equipo de tradición. El Atleti tenía una rica historia antes de Simeone, ahora es un grande de España y Europa, acostumbrado siempre a estar en instancias finales, más que a animar las competiciones. Simeone es Atleti y Atleti es Simeone. Esta idea de juego, este “Cholismo” ha llevado lejos al que antes era conocido como el segundo equipo de la capital de España y, ahora, seguramente merece una mejor consideración.

No señores, no es cierto: La historia no solo recuerda a los ganadores, la historia también recuerda a aquellos que en una decisión valiente continuaron por un camino, respetando una idea. Bien dice aquella gran película que es V de Venganza (V for Vendetta): “Las ideas son a prueba de balas”.