Por primera vez desde 1982, año de celebración del Mundial de España, el continente africano se queda sin representantes en los octavos de final de la competición. Te vamos a contar uno por uno el fracaso de África en el Mundial de Rusia.


Los ríos del continente africano discurren caudalosos los últimos días. A las habituales corrientes naturales de agua se suman las lágrimas derramadas por todos los aficionados africanos, quiénes lloran la pérdida de Marruecos, Egipto, Nigeria, Túnez y Senegal. Esta última, a punto estuvo de salvar la papeleta, pero la regla de desempate del Fair Play condujo a Los Leones de la Teranga hacia el abismo en el que previamente se precipitaron las demás.

Históricamente maltratado, el continente africano se ha asemejado más a un tablero de ajedrez, en el que las potencias occidentales movían sus piezas para reproducir sus ansias de dominación. A pesar de ser el territorio más rico en cuanto a recursos naturales, su explotación no ha acostumbrado a redundar en beneficio de su población. Unas veces por injerencias exteriores que, sin atisbo de humanidad, han profanado su tierra en lo que uno tarda en pestañear. Otras, por las oligarquías locales, quienes gobiernan con puño de hierro para su propio beneficio. Pero esta vez ha sido el fútbol el encargado de asestar un nuevo golpe a un continente repleto de heridas irreparables.

Se apoda Mundial, aunque haga referencia a un mundo muy restringido. Cuando la competición alcanza las fases finales, el globo terráqueo empieza a soltar aire. Esta vez ha sido África la principal damnificada. 36 años han tenido que transcurrir para que el tercer continente más grande del mundo quede despojado por completo a las primeras de cambio. Tal y como lo escenificó el transcurso de la Guerra Fría, la Copa del Mundo se encuentra sometida a la tiranía de dos superpotencias: Europa y América. Entre ambas, se reparten la totalidad de los trofeos.

Mucho y nada bien se ha hablado de Alemania por lo surrealista de su eliminación. Pero África no tiene tanto eco, es el continente olvidado. El retroceso que ha sufrido el fútbol africano en Rusia no tiene parangón en el fútbol moderno. Cabe remontarse al lejano Mundial de España para contemplar semejante panorama. A pesar de contar con abanderados de lujo, cuyo fútbol ha provocado sumo regocijo en el Viejo Continente, ni la Egipto de Salah ni la Senegal de Mané han logrado alargar su estancia en tierras rusas.

Tal vez Egipto se erige como la mayor decepción africana. Su Faraón, mermado por su lesión en el hombro, no se encontraba en condiciones de ejercer como tal. Su casillero de puntos se ha mantenido inalterado, haciendo honor a los vastos desiertos del país. Y los minutos del descuento les salieron demasiado caros. Ni siquiera ante la modesta Arabia Saudí, la segunda peor selección en ranquin FIFA de todas las participantes, ante la que volvió a hincar la rodilla en el último suspiro.

A pesar de su eliminación, Senegal fue la que hizo más méritos para prolongar su participación mundialista. Con un juego alegre y vistoso, se convirtió en la enésima sorpresa que adornaba la primera jornada del torneo, con una victoria ante la Polonia de Lewandowski. Sin embargo, sus posteriores resultados fueron escalonándose, con un empate y una derrota. Su mayor cantidad de tarjetas amarillas respecto a la selección nipona les privó de su pasaporte a la ronda del K.O.

 

Selección de Senegal

Selección de Senegal Vs Colombia

 

Marruecos fue un espejismo del potencial que reúnen sus jugadores. Unos primeros minutos de muchos quilates ante Irán fueron insuficientes para evitar una dolorosa derrota sobre la bocina. Ante Portugal, vigente campeona de Europa, el fútbol de Marruecos siguió sin despertar del letargo. Y sólo ante España, aunque fuera demasiado tarde, Marruecos pudo verse en el espejo sin avergonzarse de su aspecto.

Las Súper Águilas, por su parte, no terminaron de alzar el vuelo. Argentina, con un taquicárdico tanto en los compases finales del encuentro, terminó por cortar las alas al combinado nigeriano. Ni la velocidad ni la ligereza que imprimió Musa con sus movimientos evitó que Nigeria frenara en seco su progresión en la competición mundialista.

El azar no terminó de sonreír a la selección tunecina, empezando por el grupo que le deparó el sorteo. Bélgica e Inglaterra se erigían cual colosos, mientras Túnez solo pudo consolarse con compartir grupo con Panamá, flamante debutante en una cita mundialista. A pesar de que casi logró dar la sorpresa ante los Pross, más acostumbrados a inesperados tropiezos de lo que desearían, el HurriKane terminó por llevarse por delante las escasas aspiraciones tunecinas.

El tránsito de Brasil (2014) a Rusia (2018) no ha sentado bien a África. Tal vez por la distancia entre ambos destinos; tal vez por sus opuestos climas; o, simplemente, por su falta de fútbol. Brasil tuvo el honor de contemplar uno de los momentos cumbre del fútbol africano, dado que por primera vez en su historia lograba clasificar a dos selecciones para los octavos de final: Argelia y Nigeria. En tan solo cuatro años, ha transitado de la gloria al ostracismo, incapaz de situar a un solo representante entre las dieciséis que componen los octavos de final. Demasiado frío en Rusia para los africanos.

El mayor logro que ostenta el fútbol africano en sus participaciones mundialistas es el de haber alcanzado los cuartos de final. Camerún (1990), Senegal (2002) o Ghana (2010) ocupan los lugares de mayor distinción en un continente falto de alegrías. Habrá que esperar cuatro años más, en las lejanas tierras cataríes, para ver si todo un continente, desgarrado por múltiples acontecimientos, consigue sembrar alegría y esperanza a través de la pelota. Esa que unas veces te da, y otras te quita. Veremos que es capaz de hacer África en el mundial de Qatar. 

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