En los últimos días, la FIFA pidió que, en la retransmisión de los partidos del Mundial, las cámaras dejen de enfocar a “mujeres guapas” en la grada. A pesar de que llega demasiado tarde, se trata de un pasito más del mundo de la pelota para erradicar el sexismo en los terrenos de juego.


De forma paralela a la celebración del Mundial de Rusia, el mundo del fútbol se encuentra disputando un encuentro algo peculiar. Su duración, por desgracia, no se extiende durante los 90 minutos reglamentarios, sino que requiere del transcurso de muchos años para que suene el silbido final. Es el partido por el que poner fin al trato discriminatorio por sexos, y en el que, más que once protagonistas por equipo, es menester la participación de todos los seguidores de este deporte.

El machismo es una realidad presente en todas las esferas de la vida. Pero en la esfera futbolística, al ser tan mediatizada, sus dimensiones se parecen tener un efecto multiplicador. No solo la práctica del fútbol es un lenguaje que, tradicionalmente, se ha asociado a la testosterona y a la valentía varonil. Incontables son las ocasiones en las que hemos oído a jugadores, entrenadores y aficionados exclamar frases como “hay que echarle huevos”.

Pero sobre el terreno de juego también se deja escuchar el lenguaje de las cámaras. Un lenguaje universal. A pesar de no articular palabra, no para de decirnos cosas. La imagen es poderosa y las cámaras se encargan de ejercer dicha autoridad. Por ejemplo, cuando enfocan para los telespectadores la imagen de mujeres “guapas” repartidas por el estadio en cuestión. Reza el refrán que una imagen vale más que mil palabras, de modo que, después de mostrar dichas escenas, poco más puede añadirse. Tan solo que, en este caso, el lenguaje de las cámaras es el machismo.

A pesar de llegar con demora, la FIFA ha solicitado al servicio que retransmite los encuentros del Mundial de Rusia que no realice más planos que cosifiquen a las mujeres que asisten a los estadios. “Hemos hablado de forma individual con algunos operadores, incluidos nuestros propios servicios de transmisión”. Así lo expresó en rueda de prensa el jefe de Diversidad de la FIFA, Federico Addiechi, en aras de que el mundo de la pelota empiece a erigirse como ejemplo de la lucha contra el sexismo. Más allá de la celebración del Mundial de Rusia, la FIFA también anunció que realizará una campaña de concienciación contra este tipo de acoso.

El mandamás de la FIFA, Gianni Infantino, contó que la medida persigue evitar casos de sexismo, los cuales se han incrementado durante el transcurso de la Copa del Mundo. De hecho, cabe tener en cuenta que los casos de machismo han sido superiores a los registrados por homofobia o racismo. Un dato alarmante ante el que el máximo organismo del fútbol empieza a responder con la anunciada medida. La FIFA, además, también ha exigido que esta política se extienda para todas aquellas competiciones adscritas al organismo. 

Tal vez el Mundial de Rusia haya contribuido a poner de manifiesto esta problemática social de la que el mundo del fútbol no es ajeno, sino que, en muchas ocasiones, contribuye multiplicar sus efectos. Según datos oficiales proporcionados por la FIFA, al menos 30 mujeres han sido acosadas durante la celebración de la competición, siendo 15 de ellas periodistas.

Muchos hablan del Mundial del VAR y la enorme influencia que tendrá su irrupción en el futuro de este deporte. Sin embargo, quizás también sea recordado como el Mundial por la Igualdad o, por no pecar de demasiado ambicioso, el Mundial en el que empezaron a darse pasos en pro de la erradicación del sexismo, una de las mayores taras que rodean este deporte y, por extensión, nuestra sociedad. Ahora que parece empezar a cambiar el lenguaje de las cámaras, sería oportuno que el lenguaje del fútbol no se quedara atrás y emulara sus pasos.