El VAR ya es una realidad ineludible. Después de ponerse en práctica a lo largo del Mundial de Rusia, la totalidad del planeta fútbol ha podido observar sus bondades y defectos. Sus detractores, en general por considerar que traiciona la esencia de este deporte, parecen rememorar un movimiento, el ludismo, que nació en el seno de la Revolución Industrial.

Toda revolución conlleva una contrarrevolución. Aunque quizás sea demasiado ambicioso llamar “contrarrevolución” al movimiento ludita, sí se le puede considerar una respuesta a la Revolución Industrial.

El movimiento ludita emergió durante la dura coyuntura económica que se respiraba durante el transcurso de las Guerras Napoleónicas, las cuales trajeron consigo una precarización de las condiciones laborales en las fábricas textiles. Ello generó una burbuja de malestar que terminaría por explotar en 1811, fecha en la que empiezan a sucederse altercados y emerge la figura de Ned Ludd, cabeza visible del movimiento. Específicamente, el ludismo se empezó a gestar el 11 de marzo en la localidad industrial de Nottingham, logrando expandirse después por otras zonas de Inglaterra.

La introducción de telares industriales y máquinas de hilar eran vistos como una amenaza para los artesanos ingleses, los cuales temían ser reemplazados por trabajadores menos cualificados que cobraban salarios más bajos. Su protesta se concentró entre 1811 y 1816, y consistió en destruir a aquellos seres inanimados que venían a arrebatarles su empleo. Entre sus víctimas, a modo de ejemplo, una máquina de cordones de Heathcote en Loughborough, en 1816.

Trasladado al pensamiento contemporáneo, el término “ludita” ha desarrollado una segunda acepción para describir a aquellos opuestos a, o que tardan en incorporar en su estilo de vida las nuevas tecnologías en general. En la revolución futbolística que supone la introducción del VAR, sus detractores bien podrían enmarcarse en ese término. Los luditas de la pelota, acostumbrados a contemplar este deporte en un formato prehistórico al tiempo que otros como el tenis incorporaban el ojo de halcón como algo habitual, reniegan de cualquier cambio que pueda distorsionar su naturaleza.

Algunos economistas emplean el término “falacia ludita” para referirse al hecho que el desempleo tecnológico lleva al paro estructural. Traducido al lenguaje futbolístico, y en mi modesta opinión, resulta una falacia ludita pensar que el VAR acabará con la naturaleza de este deporte. Entiendo que eso a lo que algunos llaman naturaleza yo lo llamo injusticia. Un gol en fuera de juego, un penalti no pitado…. y las posteriores discusiones acaloradas sobre la polémica de la jugada en cuestión. El fútbol, a mi modo de ver, es mucho más que eso. El VAR no eliminará la polémica, tan solo ejercerá como soporte de la interpretación del árbitro, quién ostentará la última palabra.

Podría discutirse largo y tendido sobre la esencia del fútbol. Pero lo cierto es que el VAR se erige como una reminiscencia de la introducción de los telares mecánicos en la Inglaterra del siglo XVIII. La Revolución industrial de ayer, la Revolución en el fútbol de hoy. El fantasma de Ned Ludd, líder del movimiento ludita, parece pasearse ahora por los terrenos de juego.