Lejos queda ya la extinción de aquellas salvajes criaturas llamadas dinosaurios, sin apenas disponer, a día de hoy, de una sólida teoría que arroje luz sobre las causas que los condenaron a desaparecer.  

65 millones de años después, otro “dinosaurio” parece correr el mismo destino que el de sus antepasados. El Hamburgo SV, histórico club alemán donde los haya, abandonó la Bundesliga por primera vez en su historia


Tic-tac. Las puntiagudas agujas de la Torre del Reloj avanzan imparables. Situado en el muelle Landungsbrücken del Puerto de Hamburgo, dentro del bullicioso barrio de Sankt Pauli, aquella tarde parecía anunciar, con cierto sarcasmo, que la hora del Hamburgo SV (rival por antonomasia del Sankt Pauli) se acercaba lentamente. Tal y como lo hacían los buques mercantes que, como se prevé para el segundo puerto más grande de Europa, se asomaban en masa a la ciudad portuaria.

El pasado 12 de mayo mantuvo en vilo a la localidad hanseática. Las aguas andaban revueltas, formándose unas pequeñas olas que golpeaban la ciudad sin cesar. El Volksparkstadion (casa del HSV) centraba todas las miradas del país, como si un sorprendente acontecimiento fuera a ocurrir en cualquier momento. Der Dinosaurier (el “dinosaurio”, cariñoso apodo que recibe el HSV por su vejez) se jugaba su supervivencia en la máxima categoría alemana, la Bundesliga, aquella que desde su fundación (1963) nunca había abandonado. Un matrimonio sin fisuras que, sin embargo, aún tenía por delante una prueba de fuego que superar.

Pero para comprender mejor la dimensión del suceso, bueno sería echar hacia atrás las manecillas del reloj para trasladarnos al término de la Primera Guerra Mundial. En 1919, el mundo de la pelota daría a luz uno de los clubes con mayor prestigio de Alemania: el Hamburger SV. Sin embargo, su nacimiento fue algo atípico. El club fija el año 1887 como fecha oficial de su fundación, pero el HSV que conocemos actualmente se creó en 1919. Vayamos por partes. En 1887, se creaba el SC Germania como producto de la fusión de otros dos clubes: el DerHohenfelderSportclub y el Wandsbek-MarienthalerSportclub. Décadas después, la llegada de la Gran Guerra lo cambiaría todo, también el devenir del HSV. La mayor parte de los clubes alemanes no fueron ajenos a la crisis demográfica y económica que legó la Primera Guerra Mundial, de modo que muchos de ellos se vieron sumergidos en problemas financieros y de falta de recursos humanos. Entre muchos otros, fueron los casos del SC Germania (1887), el Hamburger FC (1888) y el FC FalkeEppendorf (1906), los cuales optaron, en 1919, por unir sus fuerzas. De ese modo, entre los millones de muertes que provocó la guerra, nacía el HSV, cuyo origen fue tan excepcional como lo demostraría ser su posterior historia.

El rasgo distintivo que haría especial a Die Rothosen (“pantalones rojos”, por la indumentaria del club) se empezaría a vislumbrar en 1963. El fútbol profesional daba un impulso sin precedentes con la creación de la Bundesliga (1963), la primera liga profesional balompédica de Alemania. El HSV tuvo el privilegio de ser una de las 16 entidades invitadas a unirse en la temporada inaugural. Amor a primera vista, sin lugar a duda, ya que, desde entonces hasta hace pocos días, el HSV era el único club que no había abandonado nunca la máxima categoría. A lo largo de la historia de la competición, hasta 49 equipos han pisado en alguna ocasión la Bundesliga, siendo el HSV el único en instalarse de forma vitalicia. Y ello es motivo de celebración, no solo en la ciudad, sino en toda Alemania. Prueba de ello es que, el 24 de agosto de 2004, la Bundesliga celebró su 40º aniversario con la disputa de un partido entre el veterano HSV y el laureado FC Bayern München.

Para regocijo de los aficionados del HSV, llegaba la década de los ’70. Y, con ella, la particular Belle Époque del conjunto hanseático. En 1973, Alemania presumía de estrenar una nueva competición, la DFB-Ligapokal (Copa de la Liga alemana), que se disputaría antes del inicio de la Bundesliga. Con un contundente 4-0, sería el HSV el primero en grabar su nombre en el trofeo, dando el pistoletazo de salida para que las vitrinas del club empezaran a llenarse. Poco después, en 1976, alcanzaría la final de la DFB-Pokal (Copa alemana), superando al histórico Kaiserslautern para adjudicarse por segunda vez el trofeo (el primero lo logró en 1963). Al año siguiente, dando muestras de que Alemania empezaba a hacérseles pequeño, alcanzaron su primer título internacional con un triunfo sobre el Anderlecht en la final de la Recopa de Europa (1976-77).

La conquista de un título europeo no pasó por alto para el mundo del fútbol y, en concreto, para la superestrella inglesa Kevin Keagan que, aquel mismo año, acababa de ganar su primera Copa de Europa (la actual Champions League) con el Liverpool.  El HSV consiguió firmar al internacional inglés, lo cual venía a confirmar el cuento de hadas en el que se adentraba el club. A pesar de que su primera temporada fue decepcionante (con un discreto décimo lugar en la Bundesliga), fue nombrado futbolista europeo del año. En su segunda temporada, con el nombramiento de Branko Zebec como entrenador, Keagan se convertiría en el máximo goleador del HSV, lo cual permitiría, a la postre, que Die Rothosen se adjudicara la primera Bundesliga de su historia.

El reloj seguía su implacable progresión en el tiempo para transportar al Hamburgo SV a la década de los ’80. El yugoslavo Zebec era relegado de su puesto para dar entrada al austríaco Ernst Happel en 1981. En su primera campaña, Der Dinosaurier recuperó el título de la Bundesliga y llegó a la final de la Copa de la UEFA, donde el IFK Göteborg no le daría ninguna opción con un contundente 4-0 (en el cómputo global, dado que la final era de ida y vuelta). Una bocanada de aire fresco parecía haberse colado en el club de la ciudad portuaria.

Pero el año que pararía el reloj y, por extensión, la ciudad entera, sería el de la temporada 1982-1983. El HSV defendió con uñas y dientes la Bundesliga conquistada en la pasada campaña, revalidando el título ante su otro gran rival por excelencia: el Werder Bremen. La tercera Meisterschale (Bundesliga) fue la más sufrida, al ganarse por diferencia de goles. Pero una vez conquistada Alemania, la mayor ambición era tomar asiento en el trono europeo. La Juventus era el último escollo en la que era la segunda final de Copa de Europa que disputaba el HSV. Atenas, la ciudad de los mitos, coleccionó uno de nuevo al coronar a los hanseáticos como campeones de la Copa de Europa (la única que posee el club hasta la fecha). La prestigiosa revista World Soccer Magazine acabaría de redondear la temporada adjudicando al HSV el honor de ser el mejor equipo del mundo.

El último servicio de Happel tuvo lugar en la 1986-87. El Hamburgo SV ganaría su cuarta DFB-Pokal en el mítico Olympiastadion de Berlín Occidental. El técnico más exitoso de la historia del club, con dos títulos de la Bundesliga, una DFB-Pokal y una Copa de Europa en su haber, abandonaba la entidad por la puerta grande para regresar a su Austria natal. Una vez se esfumó el aura de Happel, la fortuna del club hanseático empezaría a ir por otros derroteros.

Y más vueltas seguían dibujando las agujas, aunque en esta ocasión la hinchada del HSV hubiera preferido que se atascaran en el pasado. A partir de la década de los ’90, la luz que emitía el faro de la ciudad portuaria se tornó tenue. Las finanzas de Die Rothosen se encontraban bajo mínimos, al tiempo que, en el rectángulo de juego, el equipo tampoco levantaba cabeza. Después de un nada desdeñable quinto lugar en la 1990-91, los hanseáticos terminaron en la mitad inferior de la Bundesliga durante cuatro temporadas consecutivas.

Sin embargo, en medio de tanta oscuridad, el citado faro emitía de forma intermitente destellos de esperanza. El 2 de septiembre del año 2000, el nuevo Volksparkstadion fue inaugurado oficialmente, ya que Die Mannschaft (la selección alemana) disputaba su primera eliminatoria del Mundial de 2002 ante Grecia. Además, en la 2000-2001, el HSV participó en la moderna Champions League por primera vez desde que tomara el relevo de la antigua Copa de Europa en 1992. Aunque no logró superar la fase de grupos, nadie podría borrar de su recuerdo el histórico triunfo por 3-1 sobre la Juventus en el Stadio delle Alpi (estadio de los bianconeri). Finalmente, en julio de 2003, alzaría la DFB-Ligapokal ante el poderoso Borussia Dortmund. La segunda en su palmarés… y la última alegría que recibirían sus aficionados.

Para relatar los futuros sucesos que marcaron la historia Der Dinosaurier cabe trasladarse a una época casi tan lejana como la de los dinosaurios: la Antigua Grecia. Un fabulista llamado Esopo escribió el cuento del pastor mentiroso (conocido erróneamente en España como el cuento de “Pedro y el Lobo”), muy extendido en la actualidad, según el cual un joven pastor mentía al pueblo sistemáticamente sobre la llegada inminente de un lobo, hasta que un buen día apareció de verdad, pero los lugareños no se lo creyeron. Pues bien, si intercambiamos el lobo por el descenso, quedaría escrito el cuento del Hamburgo SV en los últimos años.

La primera falsa alarma llegaría en 2013-2014, cuando el club esquivó las fauces del lobo al derrotar al Greuther Fürth en el play-off por el descenso. La siguiente campaña, por lo menos numéricamente, fue la peor de la historia de Die Rothosen, con 17 derrotas, 8 empates y 9 victorias. A pesar de esto, tuvieron la fortuna de volver a caer en puestos de promoción, esta vez para medirse al Karlsruher SC. En el partido de ida en Hamburgo empataron 1-1, por lo que el partido de vuelta dictaría sentencia. El Karlsruher ponía tierra de por medio con un gol a 12 minutos del final, por lo que el HSV estaba a punto de consumar el descenso por primera vez. Pero la historia pesa mucho, y las garras del lobo volvieron a irse de vacío con un apoteósico gol de tiro libre por parte del chileno Marcelo Díaz. En una prórroga de infarto, Nicolai Müller anotaría el segundo para sellar la permanencia con la que tan acostumbrados estaban los aficionados del HSV.

De milagro en milagro, las manecillas del reloj marcaban que nos encontrábamos en la presente temporada (2017-2018). Pero esta vez no me refiero a las de la Torre del Reloj del muelle Landungsbrücken, sino al que presidía el Volksparkstadion, el cual acumulaba los años, meses, días, minutos, y segundos que llevaba el club en la Bundesliga. Más que sobre el terreno de juego, la hinchada hanseática parecía fijar su atención sobre el reloj. 57.000 miradas observando como apuraba los últimos segundos del HSV en la Bundesliga. El equipo, pese a acabar ganando ante el Gladbach, necesitaba que el Wolfsburg cayera derrotado ante el ya descendido Köln, pero el cupo de los milagros ya se había agotado para el HSV.

Finalmente, se detuvo. Los buques mercantes permanecían atracados en el puerto; el faro se apagaba; y las manecillas del reloj del Volksparkstadion se tomaron un desconocido respiro hasta la fecha. Sin embargo, las de la Torre del Reloj, ubicado en el barrio de Sankt Pauli, discurrían como pocas cosas lo hacían aquella tarde en Hamburgo. Tuvieron que pasar 54 años, 261 días, 00 horas36 minutos21 segundos para despojar al Hamburgo SV del rasgo que ostentaba con mayor orgullo. La extinción DerDinosaurer, ya era una realidad.

En la parte central del escudo del HSV destaca el dibujo de un rombo blanco y negro. La leyenda remonta su origen a una bandera, la Blauer Peter, la cual era izada por los barcos cuando estaban listos para zarpar con el fin de avisar a los pasajeros. Atracado de forma perpetua en la Bundesliga, el club, con sus 75.000 socios a bordo (el tercer club con más socios de Alemania), se vio obligado a sacar el polvo de la Blauer Peter para anunciarles el doloroso rumbo hacía la segunda categoría alemana.

Tic-tac. En sus Geórgicas, el poeta latino Virgilio (70 a. C.- 19 a. C.), sin saberlo, escribía unas premonitorias palabras: Sed fugit interea, fugut irreparabile tempus. Pero huye entre tanto, huye irreparablemente el tiempo. El reloj del Volksparkstadion, guerrero como el mismo HSV, se empeñó en luchar contra un adversario invencible: el paso del tiempo. Tempus fugit, advertían los clásicos. Pero, si tempus fugit, carpe diem. El Hamburgo SV desciende, sí, pero con la tranquilidad de haber aprovechado el “momento” que pasó en la Bundesliga.