Con este año, el equipo acumula ya 5 años en Segunda División. 25.000 socios año tras año, los cuales no pierden la fé en este equipo.  Os hablo del Real Zaragoza.

Esta temporada, todo comenzó con un enfoque diferente. Nuevo entrenador, fichajes muy prometedores, nuevo director deportivo y el ascenso de hasta cuatro canteranos tenían el autoestima de los aficionador aragoneses por los cielos, entre los que me encuentro.

Fichajes como Febas, pretendido por media Segunda Division, a la par de la cesión de Borja Iglesias, pretendido por la otra mitad nos hacia pensar que los jugadores si eligen Zaragoza, es por algo. Muy cohibidos por el limite salarial, todos los fichajes estaban fichados con lupa.

La llegada de Lalo Arantegui como director deportivo catapultó la llegada de dos jugadores completamente desconocidos, como es el caso del georgiano Georgi Papunasvhili y del suizo Oliver Buff, de los cuales solo el primero se ha asentado en el primer equipo.

Las expectativas eran muy altas, y la ilusión sobrepasaba límites cuando se alcanzó la cifra de 25.000 abonados. Uno de los objetivos a cumplir es convertir La Romareda en un fortín, cosa que no se ha conseguido. Pérdida de puntos contra rivales de la parte baja y más victorias fuera de casa que en Zaragoza, el equipo blanquillo ha convertido Zaragoza en una ciudad que regala los puntos.

En lo deportivo, el equipo blanquillo no está haciendo una temporada ni mucho menos buena. Si en algo ha hecho una temporada notable es en la Copa del Rey, llegando a la ronda de 16avos, perdiendo con el Valencia.

Natxo Gonzalez ha variado de esquemas una y otra vez encontrando el cual el equipo rinda bien, sin encontrar resultado hasta el partido contra el Tenerife. La clave, era muy sencilla. La entrada de Lasure en el XI así como la consagración en la titularidad de Guti, Pombo y Delmás, han hecho del Real Zaragoza un equipo con identidad aragonesa.

En este XI está Aleix Febas, el jugador que junto a Borja Iglesias, está llevando al Zaragoza, pasito a pasito a la mejora en su juego. El de Lleida, en su posición natural, como centrocampista, es imparable. Velocidad, cambio de ritmo y visión de juego, cualidades que son aprovechadas por el gallego, el cual se parte pecho y espalda por bajar uno de esos balones que recibe, para girarse y disparar a portería.

Mención aparte merece Iñigo Eguaras. El mediocentro venía de ser protagonista del descenso del Mirandés la temporada pasada, por lo que su fichaje venía siendo muy criticado, pero el habla en el campo. Una entrega total, sacrificio tanto defensivo como ofensivo y una notable visión de juego lo han destapado como el gran mediocentro que es.

La pregunta es ¿Por qué esta plantilla no funciona? Malos planteamientos, mala suerte y sobre todo, la incapacidad para adelantarse en los partidos. Esas han sido las claves para que el Real Zaragoza esté tan abajo. Hay juego, ganas, pero no goles. Vendrán.

 

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