El Parque de los Príncipes fue un auténtico infierno

Una cortina de humo. Ese fue el recibimiento que tuvo el PSG anoche antes del encuentro antes del Real Madrid por parte de sus hinchas. Un espectacular ambiente, con priotécnia, mosaico y humo, mucho humo. Humo también ha sido el proyecto que se ha querido vender con los petrodólares del jeque Al Khelaifi, con una enorme inversión en lo que a fichajes se refiere. Un proyecto destinado a alzarse en lo más alto en la competición europea, pero que un año más ha fracasado. Por mucho que no dispusiera de su estandarte, Neymar Jr, o que su rival fuera nada más y nada menos que el vigente campeón, el Real Madrid, es evidente que el conjunto parisino ha fracasado. Llevaban dos años con la mente puesta en Europa, quizás con un proyecto en transición, y esta temporada debía ser la definitiva.

Jugadores de alto potencial, como el propio Neymar, o Mbappé,  ambos siendo los fichajes más caros del fútbol, añadiendose junto al experimentado Dani Alves a una plantilla de renombre (Verratti, Di Maria, Cavani…) llegaron en verano con un único objetivo: ganar la Champions. Un hito que los hombres de Unai Emery ya probaron el año pasado, pero que tiraron por la borda en una eliminatoria fatídica ante el Barcelona. Y este año, tras conocer el rival en octavos, se relamían los labios: el Real Madrid. El campeón, que no atravesaba su mejor momento, no entraba en las apuestas ante el súper PSG, el de los petrodólares, el que se iba a comer el mundo. La ida, decidida con tres latigazos del conjunto blanco, ponía en dudas esa fiabilidad con la que se presentaba el conjunto francés al encuentro, pero se podía creer. Un 2 a 0 era viable con la MCN (Mbappé-Cavani-Neymar). La lesión del brasileño, un jarro de agua fría para muchos, dilapidó esas expectativas, y lo que era el PSG del tridente, pasó a ser el PSG de Neymar, a pesar de los tópicos lanzados por Emery en rueda de prensa (”no dependemos de Neymar” o ”un jugador no hace un equipo”).

El recibimiento, una caldera por parte de los ultras parisinos presagiaba una batalla épica, que se podía saldar, con o sin Neymar e incluso a sabiendas del poder europeo de los blancos, con una hazaña de los franceses. Un partido redondo, parecido al 4 a 0 del año pasado ante los culés, a priori con un equipo de menos potencial que este. ¿Y por qué no?

Una cortina de humó invadió el Parque de los Príncipes, y también el encuentro. El PSG no mostró esa garra que se le pedía, ni el poderío. Un intento de control del partido, pero con muchas imprecisiones. Cavani se fue del partido a la media hora, con esos rifirrafes innecesarios con Keylor Navas y Casemiro, y Verratti lo hizo en la segunda parte, siendo expulsado. El ambiente fue un infierno  con la afición del PSG haciendo del Parque de los Príncipes un fortín. En el terreno de juego, un fútbol que se esfumaba por momentos, haciendo de la primera parte una guerra de imprecisiones. No parecía el todo o nada que se hablaba en la previa, con los superhombres del PSG yendo a por todas. El Madrid, daba por buena la renta de la ida. En fin, una primera parte con más humo que balón para el espectador.

Y entonces llegó el bicho para poner las cosas en su sitio, y finiquitar las opciones francesas en la eliminatoria, si es que aún quedaban algunas. No fue un baño, pero sí un golpe rápido y seco. Un cabezazo que decía adiós al sueño de los dólares. El conjunto de Zidane, demostró una vez más, que quien ríe último ríe mejor, que Europa no es la Liga, y que Europa, se quiera o no, es del Real Madrid. Sin desplegar un fútbol para la hemeroteca, el Madrid es capaz de matar una eliminatoria, perdida desde la previa, con dos zarpazos, y estar quieto durante el partido. Un león, que espera su oportunidad para rugir y decir la última palabra.

Tácticas aparte, esta eliminatoria, dejando un recuerdo inapelable del año pasado, deja claro que Unai Emery no está a la altura. Puede dominar la liga sin despeinarse, pero Francia no es Europa. Llegó lo que pidió, y se le pidió una cosa: la orejuda. Una moraleja cansina, pero que se vuelve a producir: el dinero no gana títulos. Emery, incapaz desde el banquillo de plantear una eliminatoria, ante un Madrid que a priori no era el de otras ocasiones, no ha sabido ver las debilidades de este, y tampoco tapar sus armas. Los petrodólares vuelven a decir no a la Champions, y Emery vuelve estar en el punto de mira.

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