Magia. Arte. Sonrisa. Esta vez, el tópico de ‘’una foto vale más que mil palabras“ coge ahora todo el sentido del mundo. Porque por más adjetivos que le pongamos, nos quedaríamos cortos para definir lo que Ronaldo de Assis Moreira ha hecho por el deporte rey. Y es que, con sus más y sus menos, la magia de ese chico de Porto Alegre que un día devolvió la sonrisa al Camp Nou, que hizo soñar a todo un país durante años, siempre ha estado presente.

Ayer Ronaldinho ‘’Gaucho“ oficializó su despedida del mundo del fútbol. Aunque llevara dos años fuera de la élite, los videos de sus jugarretas ante equipos casi amateurs, seguían corriendo por las redes.

Ronaldinho, con esa sonrisa de oreja a oreja, esos dientes blanquecinos, y la melena rizada, es, y lo digo así, el jugador más mágico que he visto nunca. Fútbol, puro fútbol. O quizás podría llamar-se magia. Jugadas de fantasía, que –quizás he visto poco fútbol- sólo se las he visto hacer a él, bicicletas, acrobacias, malabares, chilenas. Eso iba más allá de la esencia futbolística, era espectáculo.

Si pienso en Ronaldinho, recuerdo esa sonrisa orgásmica que soltaba cada vez que movía el balón, sí, se me caía la baba, como ahora me pasa con su sucesor, Leo Messi.
Ayer el circo apagó sus luces y dijo ‘’hasta aquí la función“. Una función que ha tenido altibajos, con pequeñas salidas de tono (hablo de las fiestas que de vez en cuando lo alejaban de los terrenos), pero siempre conservando y repartiendo una sonrisa, un ‘’oh“, y una tremenda ovación, hasta cuando se movía a ciudades donde no era bien recibido. Un circo, que ha tenido etapas brillantes, y que devolvió un día la ilusión a todo un público. Ese circo es Ronaldinho. El fútbol hecho arte. El fútbol en mayúsculas. Y ayer, la sonrisa del fútbol dijo basta, pero ahí estarán siempre las hemerotecas con jugadas para recordar, para volverse a ilusionar.

 

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