Xabi Prieto, capitán txuri-urdin, ha anunciado esta semana su retirada a final de temporada tras 15 campañas en la Real Sociedad

Xabi Prieto es un rara avis de su época. Esa en la que el romanticismo parece haber pasado a mejor vida. En un mundo cada vez más globalizado, lo sentimental deja paso a lo crematístico. Los cantos de sirena procedentes de cualquier rincón del planeta y que prometen ingentes cifras económicas abruman a cualquier futbolista que logre despuntar mínimamente. Casos como los de Oscar, Tévez o Bakambu sirven como ejemplos para ilustrar los parámetros en los que tiende a moverse el fútbol contemporáneo. No obstante, el caso de Xabi Prieto es el de la excepción que confirma la regla.


En ese contexto, el anglicismo one-club man está en riesgo de pasar al olvido. Sin embargo, jugadores como Xabi Prieto se empeñan en mantener vivo su recuerdo, advirtiendo a las futuras promesas que se puede ser feliz jugando toda la carrera en la Real, que no hace falta irse a otros sitios. Con frases como esta, el inusual talante del medio guipuzcoano se puede equiparar a la luz de un faro que sirva como inspiración para los futbolistas venideros.

Pese a tener una carrera llena de contrastes, en la que ha vivido desde la tragedia de un descenso hasta el debut en la Champions League, el capitán realista ha mantenido la fidelidad al club como enseña. Una fidelidad por los colores que se erige como una reminiscencia de épocas pasadas. Una oda al romanticismo de antaño.

San Sebastián es una ciudad privilegiada como pocas. La capital de Guipúzcoa puede decir con orgullo haber visto crecer al eterno capitán txuri-urdin. Desde su paso por el Sanse (filial de la Real Sociedad) hasta su escalada y consolidación en la Real Sociedad, Xabi Prieto siempre ha tenido claro que cuando estás en un sitio en el que te sientes valorado y lo haces con tu familia y tus amigos, no necesitas más. En los tiempos que corren, cuesta ver en muchos futbolistas la sencillez que desprende el guipuzcoano.

530 partidos. Si bien las palabras pueden ser útiles como medio para expresar la trascendencia que ha tenido Xabi Prieto en el fútbol en general y en la Real en particular, a veces un número es capaz de condensarlas todas por sí mismo. 530 partidos (hasta la fecha) enfundándose la txuri-urdin. Ello le convierte en el quinto jugador con más partidos en la historia de la Real, por detrás de otras figuras casi divinas como Gorriz, Larrañaga, Zamora y Arconada. Nombres para ponerse de pie nada más ser leídos.

A pesar de que el 530 es un número que se basta y se sobre para dar cuenta de la magnitud del personaje, hay otro número que marca la trayectoria de Xabi Prieto: el 10. Ese que lleva estampado en la espalda de la elástica txuri-urdin. Sin embargo, no siempre fue así, dado que en su primera temporada (2003-2004) empezó luciendo el 26, que cambiaría por el 24 en la siguiente campaña. Finalmente, en la 2009-2010 se le asignaría el dorsal que mejor define su carrera: el 10.

Sin embargo, y a pesar de lo escrito hasta el momento, aquello que puede producir mayor fascinación sobre la historia del centrocampista vasco es que, tal es el amor que ha profesado hacia el club, que el hecho de no haber podido levantar ningún título para la entidad queda en un segundo plano.

Tal vez, otra espinita con la que deberá convivir el ’10 es la de no haber sido llamado nunca por la selección absoluta, si bien es cierto que sabe lo que es vestir de rojo en las categorías inferiores, siendo internacional con la sub-21.

En definitiva, se podrían escribir hasta novelas sobre la dilatada trayectoria de Xabi Prieto. Sin embargo, durante el anuncio de su retirada a final de temporada, dejó una frase para el recuerdo que bien podría resumir toda su carrera: De pequeño, mi sueño no era ser futbolista, era jugar en la Real.

Baltasar Gracián (s. XVII), en su conocida obra literaria Oráculo manual y arte de prudencia, dejó un importante legado en lo que al mundo de los aforismos se refiere cuando escribió lo siguiente: lo bueno, si breve, dos veces bueno. Cuatro siglos después, la figura de Xabi Prieto obliga a reescribir dicha máxima que, a la luz de su trayectoria, quedaría así descrita: lo bueno, si extenso en el tiempo, dos veces bueno.

 

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